Nudos en la garganta, y no son de
nuestras lenguas. Me dices que cierre los ojos, que piense en ti.
“Cierra los ojos y mírame”, dices. Quiero abrazarte, pero no
puedo. Quiero besarte, pero no puedo. ¿De qué cojones me sirve
sentir esto si no puedo sentirlo en la piel? ¿De qué me sirve
malgastar saliva en gritos de dolor si no la puedo gastar en tus
besos? Nada tiene sentido. “Cariño, cariño. Respira hondo y
tranquilizate. Estoy ahí contigo”. Ojalá lo estuvieses, de
verdad. Ojalá.
Hablar en subjuntivo como modo de vida.
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