miércoles, 1 de agosto de 2012
Ira
sábado, 14 de julio de 2012
Sonrisas.
Besos a una pantalla de ordenador, lo nunca visto. Actuar como idiotas y que la adrenalina suba, que esa puta hormona de la felicidad se expanda por todo el cuerpo. Realzar curvas de tu cuerpo, y no son las de el sostén.
La llama, al vela, la antorcha, llámalo como te de la gana, es como un puto fuego que ya no quema, sino que calienta y protege, esto es todo esto. Ya no hierve la sangre, ahora se evaporan los sentimientos y llegan a mi cabeza dejándome atontado por ti.
martes, 10 de julio de 2012
Fuck Distance.
lunes, 9 de julio de 2012
Pain.
domingo, 8 de julio de 2012
Xiqueta.
Se acabaron los "te quiero" sin sentido, porque estos si que tienen sentido, por qué no decir que me estoy enamorando cada vez más y más, por qué no decir que la quiero, por qué no decirlo, si nadie me lo impide. ¿Por qué no iba a decirlo? Son mis pensamientos, son mis sentimientos. Es ella. Es su sonrisa al despertar, es su "buenos días mi niño" cada mañana, que se me adelanta a mi "¿Has dormido bien, mi xiqueta?". El recordar que yo creía que xiqueta era "pequeña", y en realidad es "niña", me hace gracia.
Como también me hace gracia su sonrisa, su cuerpecillo y su carita de ángel que me enamora. Por eso me enamora. Porque me hace sonreír.
miércoles, 25 de abril de 2012
Un buen libro.
Mi historia. Mucha gente dice que podríamos hacer un libro con nuestras vidas. ¿Vidas de película? No. Vidas emocionantes, vidas raras, vidas que contadas en una película nadie las entendería.
Nuestras vidas no venden, no pretendemos que vendan. Simplemente, seguimos adelante. Tras cada putada. Tras cada déjà vu. Tras cada beso, tras cada caricia, tras cada calada al cigarro que nunca debimos probar y tras cada abrazo que le damos a la distancia.
¿Para qué llorar? Las lágrimas son como el agua del mar. Amargas y saladas. Sólo que no tienen ese “efecto curativo” que nuestras abuelas decían que tenía la inmensidad del océano. Quizás por eso mi paz está en la costa. En una tarde tirado en la toalla, o en la mismísima arena. En una tarde en la que el agua está cristalina y helada. En la que sustituyo la ducha fría por un baño helado.
Sube la adrenalina. No sé como, pero en esas situaciones, me sube la adrenalina, sin saber el porqué. Bueno, adrenalina, autoestima, felicidad, como queráis llamarlo. Pero algo toma mayor importancia, algo me da vida. Sustituyo el bolígrafo y la libreta que yo pensaba que usaría para escribir rimas y canciones y que en realidad utilizo para tomar los apuntes de una clase de ciencias por unas paletas de playa y una pelotita roja brillante a la cual se le pegan granos de arena cada vez que cae.
Simplemente, soy un poco más feliz en esos momentos. En una de mis sonrisas, se esconden millones de sentimientos. O simplemente, no sé que se esconde, o si de verdad se esconde algo.
Puede que, solamente sea un simple gesto de esa adrenalina o de esa felicidad de la que hablo.
Aunque, hay momentos en los cuales la nostalgia se apodera de mí. Es normal ¿no? No todo pueden ser risas, ojalá lo fuesen. Recuerdo semanas, semanas raras. Recuerdo muchas cosas, que más que nostalgia, me dan tristeza, me dan un pensamiento de “¿Por qué?”. No sé para qué mi mente da ese último pensamiento si no hay respuestas para este.
No puedo hacer que mi pasado cambie. Me encanta mi presente. Me la suda mi futuro. Ya se verá. ¿No? Pues eso, no voy a comerme la cabeza intentando premeditar cada uno de mis actos. Lo mejor es lo que sale sin estar preparado, ya me lo han dicho muchas veces. Y tienen razón. Así que no sé para qué me convencía tantísimo.
El hombre, ser de costumbres. De malas costumbres. De deprimirse, por ejemplo. Pero, se acabó eso de deprimirse. No tengo razones, no tengo motivos. Puede que mi pasado me juegue malas pasadas de vez en cuando. Pero, he aprendido. Soy más fuerte. Lo sé. No me hace falta decir un “Soy más fuerte, ¿no?”, porque sé que lo soy. Estoy convencido, nada me va a hacer cambiar de opinión.
La gente me hace más fuerte. Puede que hace dos años no tuviera a nadie. Pero, se compensa. Puede que no estén cerca. Pero, al menos, están. Es lo importante. Unos más que otros, pero, están, joder ¡están! Sobretodo algunas, unas dos, una más que nadie desde hace unos días. Lo que me sorprende, agrada y hace que esa puta adrenalina suba por las nubes.
Mi historia, un buen libro. Eso es mejor que una Biblia. Que no sirve para una mierda y que debería acabar con un “XD” para que todos dijeran que es una farsa. Bah. Paso. Ya nada de lo que me daba antes felicidad, me la da ahora. He cambiado, mucho. Yo lo digo, porque sé que es verdad.
Así que, más vale que sea un buen libro a un tocho tostón.
miércoles, 18 de abril de 2012
Complejos.
Pero, qué puta sociedad. Qué puta mierda todo ¿eh? Voy a acabar por aborrecer a cualquier persona que haga daño a otra por su puto físico. Es que, voy a liarme a hostias. Por los putos complejos de los cojones, que hacen que personas que valen muchísimo, se sientan mal. Me dan ganas de reunir a todas esas personas que tanto me importan. De, abrazar a todos, uno a uno. Decirles eso de “¿Un defecto? Mira tus millones de virtudes”.
Pero, hasta yo tengo complejos, la verdad. Pero, lo sobrellevo. Lo sobrellevo. No sé cómo, pero ya no me afecta. Sé cuando peso de más. Al igual que sé quién se debería de llevar una hostia de más. Bueno, voy a tranquilizarme. Pero, a ella no. Es que, que no me entere yo de que ella se siente acomplejada por algún gilipollas. Bueno, que si, que me entere. Que me lío a hostias.
Vale muchísimo. Y no la vais a echar a perder por vuestros putos estereotipos de mierda. ¿Os lo pasáis bien riéndoos de los demás, verdad? Pobres. Es que las deficiencias mentales que tenéis no os dejan pensar con claridad. Y lo digo en plural. Porque algo tenéis que tener que sois así de gilipollas.
Volviendo a ella. A ella ni tocarla. Ni se os ocurra. ¿Entendéis? Sea quien sea. Coño, no me da la gana que una amiga se sienta mal por un gilipollas. O por una gilipollas. Es que, no. Y digo gilipollas por no decir retrasado mental, o persona carente de sentimientos.
Os merecéis lo peor. Es que, os merecéis la muerte más dolorosa que pueda existir. Lo siento. Qué coño. No lo siento. Pero, a aquellos inconscientes, que sí que tienen corazón, que saben lo que hacen, pero que se equivocan en algún momento, quiero decirles esto:
Duele, ¿Vale? Duele que te digan gordo. Duele que te digan que eres un puto gordo. Duele que te lo recuerden día a día. Ya tenemos bastante. Así que no nos hundáis más en la miseria.
Digo hundáis, porque yo estuve gordo. No recuerdo si a mí me dijeron algo, si me hicieron sentirme mal o algo. Pero sé lo que es que te digan “eh, te has quedado delgado en comparación con antes”. Por no decirte que antes eras un gordo.
¿Sabéis qué? Fuera estereotipos, fuera complejos. Fuera todo. Y a vivir la puta vida.
martes, 17 de abril de 2012
Lucha.
Y aquí nos hallamos, como cada noche, yo y la soledad, como eternos amigos. Aquí nos encontramos, cogidos de la mano. Buscando una botella de vodka, para ahogar las penas. Pero, lo que no sabíamos es que las penas pesan menos que el alcohol, y ahora parece que vamos a vomitarlas al igual que las putas mariposas que un día ocuparon nuestro estómago.
Viene la lucha. Viene el no saber qué hacer. Viene el encontrarse solo ante el peligro. Más solo que nunca. Viene el tener que saber que utilizar los puños, y el utilizarlos si es necesario. A pelear para no sentir dolor en un futuro no muy próximo en el momento de dar los primeros puñetazos. A sentir como todo te da igual y a sentir que con cada embestida de tus nudillos sobre su piel eres más fuerte. A sentir que tú eres el que manda.
Me da igual. Quien da recibe. Pero, por qué no. Por qué no cambiar las reglas de una puta vez por todas. Por qué no cambiar las leyes de la física. No siempre el que más fuerza tiene es el que más puede dar ¿no? Pues ya está. No el que más técnica tiene lo hace mejor. Sólo tiene más posibilidades de hacerlo más bonito. Quizás mi tosco estilo haca más daño que el suyo. O quizás saque mi instinto animal.
El que más enseña la navaja, menos la usa y aún menos sabe usarla. ¿Cierto? Pues ya está. Que tú no enseñes la navaja no significa nada. Sólo significa que yo tengo más posibilidades. Tengo más cuerpo. Tengo más recursos. Tengo menos maldad que tú. Pero lo compenso con una puta cruzada de cables en el momento clave.
Si vienes a por mí, aquí te espero. No hay gloria sin verdad, no hay fama sin miedo. El miedo. El miedo quizás sea la única puta cosa que me haga superarme. Si vienes, aquí te espero. Pero no te voy a esperar mucho que lo sepas. Si vienes a por mí, aquí te espero. No hay gloria sin lucha, no hay valor sin miedo. Punto. Me sobra de todo. Me sobra de saber luchar. Otra cosa es que no lo utilice porque sea un puto masoquista. O porque no quiera enseñar la navaja. ¿Entiendes?
“Aquí todos sois valientes, sí. Ninguno viene de frente. Yo soy el nuevo referente. Tú sigues siendo lo de siempre”
domingo, 15 de abril de 2012
Quizá.
El equívoco cartel de Whatsapp rezaba un “ultíma vez a las 1:01”, cuando yo sabía que aquello no era cierto. Y también sabía que tantas suposiciones que había dado horas antes, no eran ciertas.
Que tu estabas mal, pese a todo lo que yo había creido. Pero, bueno. Ahora ya nada tiene sentido. Ahora ya nada vale la pena para “arreglarlo”. Porque, he hecho lo más sensato. Pasar página. Borrón y cuenta nueva. Aunque, apreté el lápiz demasiado y aún se ve lo que escribí al principio. Porque ese “¿Tienes Whatsapp?” de no sé qué día, ni a qué hora, ya se queda en el olvido. Porque yo he decidido entrar en el baúl de sus recuerdos, hasta que otra persona quiera sacarme del suyo. Incluso si ella es la que quiere sacarme de su baúl de los recuerdos me sentiría feliz. Quizá no me necesitaba tanto como ella decía esos no se cuantos días que estuvo en León, esos no sé cuantos días aislada, sin hablar con nadie. Quizá solo fui un capricho, un entretenimiento de Semana Santa. Un parche para cerrar heridas del pasado y poder llegar mejor al instituto, para que nadie se diese cuenta de que ella había estado mal unos días. Pero, ¿qué va a arreglar pensar en ello? Yo simplemente fui parte de una semana, igual que ella fue una semana de mí. Quizá, aún guardo la esperanza, de que algún día le vuelva a decir “Quiero hablar contigo”. Y, quizá, sólo quizá, acceda. Y quizá sea la mitad de bueno que ha sido esta semana, pero bueno, qué se le va a hacer, hay que seguir adelante ¿no? Tú por un lado, yo por el mío. Aunque me duela por dentro, pero, supongo que es lo más correcto. Cicatrizar rápidamente, y seguir viviendo. Aunque, ahora que lo pienso, todo esto empieza con que tú estás mal, y todo esto termina con que tú estás mal. Irónico, todo termina donde empezó. Sólo que antes yo tenía... algo, y tú tenías un rollo. Ahora, supongo que ninguno de los dos tenemos nada. Ni entre nosotros. Ni un simple ápice de la amistad que duró una semana, ni un simple resquicio de lo que fueron ese número indefinido de noches con clips de voz. No sé si esos clips de voz han quedado guardados. La verdad, ni lo sé ni me importa, ya me importará en su momento. No quiero saber cuándo será ese momento, dudo de su existencia, la verdad. Pero, mientras mi número de teléfono no aparezca en tu agenda, y viceversa, todo irá bien.
sábado, 14 de abril de 2012
Cambios.
Y aquí me hallo, otra vez ante el teclado. Aquí para soltar las penas, o lo que sea, como ya es costumbre. Aquí estoy. Vida nueva, gustos nuevos, amigos nuevos. Todo nuevo. Mi pasado, es pasado, mi presente es ahora. Ahora mismo. Ahora mismo, cuento lo que siento, escribo mi sustento. Ahora mismo, es cuando vuelvo a ser infiel a cada una de mis promesas. A romper mis reglas. A contradecirme como nunca, a no ser fiel a mi estilo. A saber hasta cuando debo aguantar. A saber qué tengo que dar, y a saber que debo recibir. A saber qué me merezco, a saber cómo ganármelo. Bueno, eso último no es muy cierto. Eso último de “saber cómo ganármelo”, ha sido un poco para maquillar. Porque aquí, ni gano ni pierdo. Simplemente, soy como un puto meme de Yao Ming. “Me la suda”. Ya me han hecho demasiado daño, así que estoy aprendiendo a olvidar rápido. Créeme, que lo estoy consiguiendo. Estoy siendo fiel a mi promesa, lo que es raro tras haber dicho que esta rompiendo mis propias reglas. Pero, no siempre hay que ser un rebelde ¿No? A veces hay que seguir la ideología si es correcta, porque si haces justo lo contrario en todos los sentidos de lo que dicen que hay que hacer, simplemente, te conviertes sin darte cuenta a otra marioneta. No tienes por qué ser infiel a todo lo que dices o a todo lo que te impones, hay veces que por mucho que quieras hacer eso, te viene bien saber que en esa regla no estuviste equivocado. Sábado, 14 de Abril de 2012. Acaba de volver de una quedada twittera. A no sé cuantos kilómetros de aquí, de Málaga, en Alicante. Habla de lo bien que se lo ha pasado, de la gente que ha conocido, de todo. Y digo habla, porque se lo dice a todo el mundo en general, a sus casi cuatro mil seguidores, de los que yo formo parte. Habla de que ha conocido gente, y se lo ha pasado bien. Justo como yo la dije que iba a pasar. Sabía de algún modo que por mucho que se hubiese lamentado de saber que su amiga no vendría, saldría adelante. Con una sonrisa, como siempre. “A veces estoy bien, a veces estoy plof” Ese plof, tengo la sensación de que lo tengo yo ahora. Contradiciéndome otra vez con mi afirmación de que ahora soy un jodido meme de Yao Ming, y digo que todo me la suda. Pero, podría ser fiel a mi estilo propio, mostrar mi debilidad como de costumbre y arrastrarme. Pero no. Esta vez, si voy a aprender a olvidar, como Dios o cualquiera que esté ahí arriba manda. Ya lo dice la gente, que no hay que amargarse. ¿Para qué? Si estás amargado solamente puedes hacer que ella te pregunte una y otra vez “¿Qué te pasa?”, hasta que le respondes “Tú eres lo que me pasa”. Y todo se va a la mierda. Dos noches enteras de dos amigos, hablando a base de clip de voz de Whatsapp. Eso es lo que se va a la mierda. Una amiga que pese a todo te ha comprendido en menos tiempo de lo que nadie ha hecho. Eso es lo que se va a la mierda. Por un puto capricho de este meme de Yao Ming idiota, por un sólo capricho. No sé por qué, pero me da igual, punto. La verdad es, que he perdido ya a mucha gente. Me he decidido a recuperarla, y lo he conseguido. Pero ya nada ha sido como antes. Después de una pelea, nada es como al principio. Puede ser o mejor o peor. Pero nunca igual. “¿Sabes? Te tengo que decir una cosa. Ahora vuelvo”. Te mentí, todo es diferente desde aquello. Y tú me cuentas una cosa. Y yo digo “Joder, tía, que crack”. Respondes diciéndome “Ahora me verás con otros ojos :(“. Y yo para nada te veía con otros ojos. Bueno sí, con mejores. Ahora todo iría con más confianza. Ahora todo iría con más de todo. Pero, para que mentir, eso es lo que se come la puta amistad. La confianza. Que tú me dieses la mano, y que yo cogiese del brazo. Qué más da. Ahora mismo, estoy por preguntarte algo, como un “Hola, ¿Qué tal?”. Inventarme una chica imaginaria, que de repente me haya empezado a gustar. Decirte que “ya he desarmado el pollo” y que todo vuelva a ser como antes. Pero como antes de que te cogiese tanta confianza. No sé, es raro.
Sinceramente, eché de menos que estuvieses en la twitcam, ahora que lo pienso. No sé, nadie de Twitter que yo conozca me ha visto aún en una twitcam. Y tú has hecho lo más parecido, que ha sido verme en una foto y escucharme en una grabación. Y, justo cuando pierdes tus principios, te das cuenta de que contigo no iban mal desencaminados. Ese “a las tías os asustan los te quiero”. Pues eso es lo que debería de haber tenido yo en cuenta y no lo tuve, como de costumbre siempre elijo los mejores momentos para cambiar. Nótese la ironía. Pero, ya da igual. Pasará un largo tiempo hasta que volvamos a hablar, hasta que todo vuelva a ser como antes. Y quién sabe. Quizás pase un largo tiempo hasta que todo esto me resbale y hablemos. Dos putos días lleno de vida; dos putas noches llenas de asco. Y en aumento.