Mi historia. Mucha gente dice que podríamos hacer un libro con nuestras vidas. ¿Vidas de película? No. Vidas emocionantes, vidas raras, vidas que contadas en una película nadie las entendería.
Nuestras vidas no venden, no pretendemos que vendan. Simplemente, seguimos adelante. Tras cada putada. Tras cada déjà vu. Tras cada beso, tras cada caricia, tras cada calada al cigarro que nunca debimos probar y tras cada abrazo que le damos a la distancia.
¿Para qué llorar? Las lágrimas son como el agua del mar. Amargas y saladas. Sólo que no tienen ese “efecto curativo” que nuestras abuelas decían que tenía la inmensidad del océano. Quizás por eso mi paz está en la costa. En una tarde tirado en la toalla, o en la mismísima arena. En una tarde en la que el agua está cristalina y helada. En la que sustituyo la ducha fría por un baño helado.
Sube la adrenalina. No sé como, pero en esas situaciones, me sube la adrenalina, sin saber el porqué. Bueno, adrenalina, autoestima, felicidad, como queráis llamarlo. Pero algo toma mayor importancia, algo me da vida. Sustituyo el bolígrafo y la libreta que yo pensaba que usaría para escribir rimas y canciones y que en realidad utilizo para tomar los apuntes de una clase de ciencias por unas paletas de playa y una pelotita roja brillante a la cual se le pegan granos de arena cada vez que cae.
Simplemente, soy un poco más feliz en esos momentos. En una de mis sonrisas, se esconden millones de sentimientos. O simplemente, no sé que se esconde, o si de verdad se esconde algo.
Puede que, solamente sea un simple gesto de esa adrenalina o de esa felicidad de la que hablo.
Aunque, hay momentos en los cuales la nostalgia se apodera de mí. Es normal ¿no? No todo pueden ser risas, ojalá lo fuesen. Recuerdo semanas, semanas raras. Recuerdo muchas cosas, que más que nostalgia, me dan tristeza, me dan un pensamiento de “¿Por qué?”. No sé para qué mi mente da ese último pensamiento si no hay respuestas para este.
No puedo hacer que mi pasado cambie. Me encanta mi presente. Me la suda mi futuro. Ya se verá. ¿No? Pues eso, no voy a comerme la cabeza intentando premeditar cada uno de mis actos. Lo mejor es lo que sale sin estar preparado, ya me lo han dicho muchas veces. Y tienen razón. Así que no sé para qué me convencía tantísimo.
El hombre, ser de costumbres. De malas costumbres. De deprimirse, por ejemplo. Pero, se acabó eso de deprimirse. No tengo razones, no tengo motivos. Puede que mi pasado me juegue malas pasadas de vez en cuando. Pero, he aprendido. Soy más fuerte. Lo sé. No me hace falta decir un “Soy más fuerte, ¿no?”, porque sé que lo soy. Estoy convencido, nada me va a hacer cambiar de opinión.
La gente me hace más fuerte. Puede que hace dos años no tuviera a nadie. Pero, se compensa. Puede que no estén cerca. Pero, al menos, están. Es lo importante. Unos más que otros, pero, están, joder ¡están! Sobretodo algunas, unas dos, una más que nadie desde hace unos días. Lo que me sorprende, agrada y hace que esa puta adrenalina suba por las nubes.
Mi historia, un buen libro. Eso es mejor que una Biblia. Que no sirve para una mierda y que debería acabar con un “XD” para que todos dijeran que es una farsa. Bah. Paso. Ya nada de lo que me daba antes felicidad, me la da ahora. He cambiado, mucho. Yo lo digo, porque sé que es verdad.
Así que, más vale que sea un buen libro a un tocho tostón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario